Vamos a correr – Crónica de un intento

Ya me había hidratado, comido, puesto diclofenaco en todas las piernas y por segunda vez tuve que decirles a las voluntarias que aún no salía del checkpoint. Tenía que ir al baño de la cabaña de Todd y que sorpresa ver una vivienda totalmente equipada. Al entrar por la puerta me llegó el aroma de la cocina y yo con mi hambre después de más de 9 horas de correr. El baño era enorme, de casa normal, y lo siento pero aproveché para lavarme la cara, echarme agua en el cabello y refrescarme lo más que pude. Salí y mencioné de nuevo mi salida a los voluntarios. Subí pesadamente esa colina para regresar al sendero que continúa la ruta del Pacific Crest Trail. Mis cálculos marcaban alrededor de 51 kilómetros y enfilé a la meta. Troté muy despacio y llegué a la carretera cerrada. No me sentía del todo bien. Caminé (ya no podía trotar) unos 200 metros más y aún a pesar de estar cubierto de las sombras de ese bosque de pinos, decidí abandonar definitivamente.

71464646-A42X9445_1Esta crónica empieza a principios de año 2017. Varios amigos nos decidimos a dar el siguiente paso después de varios ultras de 50k muy satisfactorios. Nos inscribimos a las 50 millas (alrededor de 80 kilómetros) por la bellísima Pacific Crest Trail. Son unos caminos que acompañan a los senderistas por meses a partir de la línea divisoria entre México y Estados Unidos hasta la frontera con Canadá. Pues bien, un tramo de unos 40 kilómetros de las 2600 millas que conforman este trail son aprovechados para este ultramaratón. A mí me entusiasmaba mucho la idea pues estos senderos los he corrido con anterioridad y siempre me parecieron ideales para correr. Las inclinaciones son muy manejables para correrlas y las panorámicas son una combinación de árboles, terrenos áridos, algo de arroyos y mucho bosque. Aquí el reto era aguantar el correrlo por espacio de unas 12 a 13 horas.

Estudié la ruta con sus subidas y variaciones de inclinación. Diseñé una especie de plan de entrenamiento muy intensivo que fue una combinación de otros 3 que me acompañarían por unos 4 meses. Se atravesarían varios medio maratones y el UBT que ayudarían a formar el kilometraje necesario para llevarnos al reto. Por mi parte hice varias veces entrenamientos en terracería y ascensos al Cuchumá, era muy importante para mí la ganancia en altimetría. Con mis amigos hice varios de los entrenamientos en ruta para agarrar resistencia y fuerza en subidas muy empinadas al punto de que en una ocasión hasta logré subir “La Bestia” de Colinas de Chapultepec trotándola de inicio a fin. Me sentía preparado.

El día 13 de mayo mi día empezó a la 1 de la mañana. Me bañé y comí algo para aguantar la jornada y mi papá llegó por mí para ganarle tiempo al camino. Llegamos a las 4 y ya estaban colocándose los organizadores. Recogí mi kit y me despedí de mi padre que me ha aguantado varias locuras así. Recordé cuando me acompañó junto con mi hermana a la primera vez que logré terminar los 42,195 metros corriendo de Tecate a Tijuana y ahí estaban ellos junto a mis carnales, apoyándome las 4 horas y media que nos tomó llevarlo a cabo.

Nuestros amigos de Baja Trail Endurance Runners & More, además de mi equipo Diablillos ya estaban llegando y todos nos dimos los ánimos y en ese instante todos estábamos seguros de que nos veríamos en medio día más logrando la meta. Empezó el conteo para la salida anticipada de las 5 de la mañana (el resto saldría a la hora oficial de 6AM) y me tomó por sorpresa. Ni siquiera había encendido mi Garmin ni el que amablemente me prestó Juanito (es que el de él sí duraría más de 12 horas, el mío ya no aguanta tanto) y partimos.

Antes del primer check point estaba gozando la ruta. Había un manto de niebla tomando los valles y nosotros corríamos por encima de esa vista asombrosa. Nos rebasábamos de vez en vez Ricardo y yo y así nos acompañábamos, a veces dejaba pasar cuando caminaba y a su vez él me daba el pase cuando prefería bajar el ritmo. Así nos la llevamos los primeros 40 kilómetros. Saliendo del primer checkpoint transcurridos los primeros 10 kilómetros me dió mucho gusto encontrarme con Paulina y las fotos no pudieron esperar, quien sabe cuando podríamos volver a encontrarnos. A lo lejos miraba a Ari y Leslie muy fuertes y Ricardo una vez más se adelantaba en el camino. En este trayecto que tenía como parte de mi estrategia caminar las subidas, íbamos platicando Pau y yo. El siguiente punto estaba a 12 kilómetros y siempre que revisaba el mapa que nos había proporcionado Mayo miraba los kilómetros enfrente de mí con mucho ánimo y seguro de mí mismo. Las bajadas las continuaba corriendo pero todavía faltaba varios ascensos, aún estábamos a unos 1400 metros sobre el nivel del mar.

Ya seguía en muy buena forma, corriendo y disfrutando ese ambiente de carrera y camaradería entre completos desconocidos que es habitual. A lo lejos veo a unas niñas que aplaudían y animaban y me dió mucho gusto encontrarme a Dana y Zul quienes con Adán esperaban a recibir a los amigos de la Baja California en esta carrera. Llegando a Todd’s Cabin la primera vez estaba muy emocionado del ritmo que llevaba. Zuluz me dió ánimos y me sacó de onda verla arropada en una chamarra gruesa pues yo estaba con un clima muy cómodo para correr según yo. Ya era tiempo de partir y me coloqué la música que me ayudaba a no enfrascarme tanto en las distancias, pero no podía dejar el volumen muy alto, había que oir atentamente al entorno y sobre todo cuando alguien que pasaba requería de rebasarte. Son senderos angostos y ni hablar, hay que alzar la voz para dejarnos pasar.

Continué la ruta y ahora seguían subidas para llegar a más de 1800 metros de altura y como ya el sol estaba muy arriba tuve que orillarme para ponerme la gorra que Tito me dió para hacer frente a este reto. Me sentía muy bien, la gorra dejaba respirar muy bien mi cabeza y me protegía del sol perfectamente. Si tan solo no hubiera olvidado ponerme bloqueador el juego hubiera estado completo. Por aquí me pasó Nacho Anaya que me decía “el Ironman” por la mochila con ese logo que cargaba, solo le pude decir “Ironman de mochila nomás”, y es que, que pena portar prendas con algo que no eres, en serio. Pero la verdad la compré por barata, no por algún otro caso de aparentar lo que no soy.

Al fin superamos el borde de una colina y a lo lejos (muy a lo lejos) se miraba el siguiente punto de abastecimiento. Era Penny Pines. Ahora había que recorrer un trail angosto donde ya varios corredores hacían el trayecto de regreso por lo que había que cuidar cuando les dieras el paso pues había un abismo abajo. Ahí pude notar el sendero por el que pasa Noble Canyon 50k al fondo y ahora que venía por una ruta un tanto más cómoda, no podía creer que estaba a punto de llegar a la mitad del recorrido. Aquí fue cuando ya nos rebasaron Marco e Isabel, quienes salieron a la hora oficial de 6 de la mañana y empecé a hacer cuentas. El tiempo de corte al llegar a Penny Pines era 12 del día, yo estaba llegando ahí casi a las 11, es decir, tenía poco más de una hora de ventaja por haber salido a las 5 de la mañana. De haber hecho mi salida “normal” a las 6 estuviera casi rayando el tiempo de corte. Esto me preocupó porque aunque me sentía bastante bien en cuanto a los músculos de las piernas, el calor estaba empezando a hacerme sentir mal y el peso que llevaba en la mochila me estaba incomodando. Por eso, al ver en el punto a Arelí, Ingrid y Adán con ese recibimiento no lo dudé y le pedí a Ingrid que me aguantara la mochila en los aproximadamente 8 kilómetros de ida y vuelta que representaba esta parte de la ruta donde debíamos regresar a este punto. Saludé a los amigos de Baja Trail que como es costumbre tenían fiesta apoyando a sus compañeros y con ese ambiente es insuperable no sentirse con ánimo.

Y así partí al norte, solo con un electrolyt de 600 mililitros para acompañarme en este trayecto y ya sin el peso podía trotar estos senderos bastante bien. Miré a la siempre fuerte Marix con paso decidido y no paraba de aplaudir. Aquí me dió alcance Mayo quien se miraba muy fuerte, también ya en el retorno Marco e Isabel lucían concentrados. Yo estaba empezando a impacientarme de lo angosto del camino y las veces que tienes que dejar espacio o pedir que te dejen pasar, ya mi cabeza estaba haciendo trucos. En el punto de retorno volví a encontrarme con Mayo y me dió ánimos para continuar y al tocar esos tres listones naranjas el encargado del checkpoint solo me dijo “that’s it, you’re going home” y pensé por primera vez en “casa”.

En el trayecto de vuelta me encontré a Martha como siempre la veo, a su paso pero segura, llevaba muy buen ritmo y lucía muy fuerte y decidida. Me dió mucho gusto ver a Erica también que iba constante a su ritmo. A todas esas personas que me daban ánimo mencionando “let’s go Diablitous!” nomás les correspondía el saludo. Y así llegué de nueva cuenta a Penny Pines y acepté el consejo de Adán de bajarle al peso a mi mochila y se me ocurrió que era más que suficiente el litro de la botella de Gatorade. Tomé de la cerveza que me ofreció Arelí y aproveché para frotarme hielos en las piernas, mojarme la cabeza y colocarme más hielos dentro de la gorra. Me sentí listo y decidido. Agradecí de nueva cuenta a Ingrid y a Adán que se la rifaron como apoyo excepcional en esta carrera y me fuí muy contento a continuar la travesía.

Aquí seguí un camino falso que me llevó a la carretera y no lo podía creer. No solo estaba muy cerca de los tiempos de corte sino que se me ocurre salirme de la ruta cerca de 200 metros. Definitivamente no era posible que los senderos llegaran a la carretera de asfalto así que me regresé hasta ver un letrero del PCT. Continué y me dió algo de pena ver a los senderistas que sin decirles nada se apartaban de la ruta para darnos el paso y al pedirles disculpas uno de ellos me dijo sin ningún problema “don’t worry, I have four months ahead of me, you have a couple of hours left” y más me hizo preocuparme por el tiempo de corte. Continué caminando la colina que me aleja de ese cañón y varios me rebasaron pues seguía atento a no esforzarme de más por lo que no trotaba siquiera las subidas. Mis piernas no estaban en su mejor momento, aunque no tenía para nada algún asomo de calambre las sentía muy duras, muy “arremangadas” como diría. Y me tranquilicé al entrar a una zona boscosa que me hacía imaginar que llegaría pronto a la cabaña de Todd. Pero no llegaba, me parecía interminable. Una pareja de corredores me dieron alcance y les mencioné que tenía preocupación de que ya hubiéramos pasado Todd’s Cabin sin haberme internado en ese abastecimiento, pero me aseguraron que faltaba muy poco. Después de pasar un kilómetro más y yo caminando sin poder trotar nada no veía ni oía nada. Mi agua ya me la había terminado y solo agradecía no estar al rayazo del sol con la protección de los árboles. Aquí ya estaba más desanimado de que si ni siquiera podía correr estos senderos que son bastante cómodos no lograría llegar al tiempo de corte del último punto. Tendría que apresurarme saliendo de la cabaña para poder alejarme del fantasma del DNF. Pero no podía, y todavía no llegaba a Todd’s Cabin.

Por fin a lo lejos veo el letrero y me animo, pero no respondían las piernas. Estaban tiesas, duras. Caminaba lentamente a pesar de que era una bajada. A lo lejos veo a Adán y a Ingrid animándome y no podía estar más que agradecido. Les compartí mis pensamientos de desistir y al oirme decirlo en voz alta me contraríe. No podía creer que había llegado hasta acá como para ahora abandonar, por lo que me conformé con “déjenme hacerme un tune up y ya les comento que decidí” y ellos siempre apoyándome a que respetarían la decisión que tomase.

Me senté, me unté diclofenaco, comí papa y papas fritas, tomé mucha Coca Cola, me unté hielos. Pero no estaba seguro. Por un momento pensé en irme con la botella de agua solamente pero desistí de ello pues si en menos de 8 kilómetros me la había acabado en los siguientes puntos se distanciaba entre ellos 12 y 10k. No me decidía y seguí comiendo, salieron unas quesadillas recién salidas de la cocina y las gocé como creo que nunca he gozado una quesadilla. A lo lejos Antonio me daba consejos de los siguientes puntos de la ruta y escuchaba atento para no perder detalle, los demás miembros de Baja Trail seguían dando todo el apoyo y yo no estaba seguro aún de continuar. Al fin me armé de valor y me monté la mochila. Después del baño vaquero que me dí en el baño de la cabaña estaba con nuevos bríos y empecé a subir la cuesta para salir de este punto de abastecimiento. Todos sin importar quien era me apoyó, a pesar de que faltaba media hora para el tiempo de corte en este punto. Una vez más hice mis cuentas y no me salieron. De haber iniciado a la hora oficial de salida de las 6 AM ¡ya me hubiera pasado por una hora! Y con esto, más estuve convencido de que no podía hacer un esfuerzo sobre-humano de llegar al siguiente punto para que me cortaran. Poco tiempo después se sorprendieron de verme regresando Ingrid y Adán y ya, les comuniqué que solo necesitaba regresar el número y les pedí darme un aventón a la salida.

Sin solicitarlo, muchos amigos me ofrecieron palabras de aliento o valiosos consejos y les estoy muy agradecido, pero sorpresivamente no me sentí decepcionado o frustrado. A pesar de los meses dedicados a esta carrera y todo lo que representaba para mí llegar a estos 80 kilómetros solo puedo decir que escuché mi cuerpo y no quería destrozarme por llegar a la meta. Recordé mucho a Jorge cuando le platiqué que la ruta me parecía muy manejable y que me comentó “cuando lo hagas me avisas si piensas igual” Y bueno, ahora que no la terminé sigo pensando que si quiero hacer 80 kilómetros en montaña no hay mejor lugar que esta carrera. Con el apoyo de los voluntarios, amigos y demás participantes esta ruta es muy cómoda para lograr correr las 50 millas. Quizás mi estrategia de no correr las subidas fue la que me falló al permanecer más tiempo en ellas haciendo el esfuerzo de superarlas, no lo se, pero como toda experiencia, es para aprender a sobrellevarla y corregir lo que se tenga que corregir para mejorar en el futuro.

Las condiciones ideales nunca estarán al cien por ciento en una carrera, pero anoto esto como puntos a considerar en nuevos retos:
– Debemos descansar bien antes de una carrera, dormir solo 3 horas la noche anterior no ayuda a enfrentar una jornada extenuante de 12 horas o más
– Haber cumplido en un 70% un plan de entrenamiento no es garantía de éxito, ni siquiera el haberlo cumplido en un 100%
– No somos inmunes a situaciones complicadas en casa o en el trabajo, pero se debe enfocar la mente en el objetivo, buscar el equilibrio
– Los que hacen el PCT cargan uno o más libros para enfrentar las horas “muertas” de descanso, conforme avanzan se van desprendiendo de hojas leídas evitando así peso inútil. Debo replantearme si realmente necesito ir cargando esos dos o tres litros adicionales que acostumbro.
– No hay que aferrarse a los tenis favoritos si es que ya no son buenos. Por más agarre fabuloso que tengan los Speedcross, si se sienten como tabla, te sacan 5 ampollas y te rompen los calcetines no debo usarlos.

escribirme: Día 30

Día 30: escribí tu día en 4 escenas

Tuve una conversación que ojalá pudiera haber sido más larga pero mi amigo estaba en su trabajo y yo llegué a interrumpirlo. Me regaló una gorra para usar en una de mis próximas carreras y me estaba contando los planes que tenía en cuestión mercadológica. Se miraba muy interesante lo que traía en la mente pero ya se tenía que cortar la plática.

Un detalle notado en la tortillería, es que aún era de día y ya tenían las rejas del comercio colocadas. Seguía abierto y atendiendo a la clientela pero con las rejas puestas. Nos habían contado que en ese mismo lugar habían asaltado en dos ocasiones anteriores y ya no se querían andar con rodeos. Hasta el trato fue a la defensiva, tratando de averiguar si no era yo uno de los maleantes, preguntando la orden exacta de lo que necesitaba y sobre el cambio requerido. No es para menos.

Fue por casualidad que me tocara a mí justo hoy, después de una jornada de trabajo algo inquieta, hacer fila para salir de la ciudad. Ya a esa hora debía estar despejado el tráfico pero a la hora de entrar a la carretera se habían hecho solo dos carriles y la larga fila ya estaba a la vista antes de llegar. Justo hoy, los dioses del tráfico conspiraron contra mí porque me odian y específicamente a mí me quieren ver sufrir y alterado por nimiedades como ésta.

A través de la ventana miré a los albañiles del edificio de enfrente compartir el lunch. Estaban sentados sobre una de las barras que serán usadas en el techo y platicaban mientras comían. Las tortillas se pasaban de mano en mano y compartiendo la botella de Coca Cola de dos litros se miraban contentos. A su lado estaban dos tanques de gas colocados, pareciera, para estorbar el paso de entrada. Había mucha luz a pesar de que estaban en una especie de techo de láminas de plástico. Ellos seguían en sus alimentos inmunes al tráfico que se estaba generando alrededor. Por las dos calles que confluyen en la esquina de la edificación se estaban empezando a formar filas de autos, camiones, trailers y taxis cuyos conductores empezaban a desesperarse. Ellos ya iban por el segundo cucharazo de la cazuela.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 29

Día 29: escribí un párrafo de tu futuro libro

Al despuntar el sol la siguiente mañana Iris yacía maltrecha en los escombros de esa guarida. Pudo notar que al menos una de sus rodillas estaba en mal estado pero afortunadamente no había rotura de huesos que lamentar. No podía creer que la hubiese dejado en ese estado Ima, sobre todo después de lo que pasaron juntas. Pero estos pensamientos tendrían que hallar mejor momento, ahora resultaba imperativo salir cuanto antes de ahí. Al pararse lastimosamente hizo un inventario rápido de lo que podría llevar consigo tomando en cuenta el estado de su rodilla, y sin despertar mucha sospecha. Estaba llenando el agua en su cantimplora preguntándose si sería suficiente para emprender lo que quedaba de la jornada cuando recordó como era su vida antes. Antes de que todo el mundo se fuera a la mierda. Cuando el mayor problema de “ir por comida” significaba solo la indecisión de cual restaurant de comida rápida elegir y no buscarla por horas entre los restos de la ciudad. Cuando sus problemas de entonces se miran tan insignificantes ahora que cualquier cosa hecha durante el día tiene que tener como propósito la supervivencia. Cuando aún no conocía a Ima. Su pensamiento regresó a ella y el agua estaba desbordándose, se maldijo a sí misma ahora que era muy difícil de conseguir ese líquido. En este mundo ya no era tan simple como poner una moneda en una máquina y servirse. Sujetó firmemente el agua a su mochila que ya estaba repleta de sus posesiones más preciadas, y salió del refugio. Por poco el Audi dorado chocó con el carrito de supermercado que usa para transportar sus latas de aluminio. El conductor estaba discutiendo acaloradamente en su teléfono por lo que ni se percató de lo que estuvo a punto de suceder. Iris era invisible para él. Desde que vive entre puentes y bajo cartones había adquirido ese poder, el de pasar desapercibida.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 28

Día 28: estás preparando una cápsula del tiempo para enterrar en el jardín. La van a desenterrar en 500 años. Escribí una carta explicando cómo es la vida hoy.

Si estás leyendo esto quiere decir que estás viviendo en el año 2517. No me puedo imaginar que cosas de la vida diaria pueden ser tan comunes en ese entonces o las cosas del 2017 que quizás te parezcan incomprensibles. Pero te puedo hablar de cosas a grandes rasgos.

En esta era, las personas nacen con una pantalla de cristal en la mano. Desde niños están viendo a través de esas pantallas animaciones que los entretienen, más grandes usan esas pantallas para entablar comunicación entre ellos por medio de jeroglíficos (sí, como hace 3000 años en Egipto), y los más adultos excusan su uso diciendo que están usando esas pantallas para saber las últimas noticias de sus trabajos. En estas pantallas que no se separan de las manos de sus dueños además están interconectadas en una red de datos mundial con la que se comparte el conocimiento universal. Imágenes, video y texto de todos los rincones de este planeta están accesibles desde la palma de la mano, aunque en la mayoría de los casos se usa para sacar de dudas en medio de una discusión sobre la última película de Tom Hanks.

Ah, claro, el entretenimiento hoy en día se puede separar en básicamente dos: historias y música. La música es la que se disfruta con los sonidos emanados de instrumentos que luego son grabados en pistas almacenados en archivos informáticos en grandes bloques físicos de información. Luego son sacados de estos artilugios para ser mezclados y aplicados efectos para generar un ritmo. Encima de ellos puede que se incluya una voz de una persona que canta alguna letra que es compuesta por 20 personas y son compartidas con el mundo en la red de datos de la que te hablaba para que pueda ser bailada, re-interpretada o puesta en la banda sonora de alguna película.

Esa es la otra parte del entretenimiento: las historias que pueden ser escritas, actuadas, dibujadas, filmadas o fotografiadas en la forma de libros, animaciones, episodios secuenciales en forma de serie o películas. Aún cuando está siendo menos común el uso del papel para reproducir la historia escrita, siguen imprimiéndose en estas placas de desecho de árbol prensado y aclarado. También se aprovecha la facilidad de compartir historias en la red de datos para descargar estas historias y almacenarlas en dispositivos electrónicos que las hace más fácil de transportar. Estas historias que luego pueden ser reimaginadas en la forma de actores interpretando los personajes en teatro, cine o televisión persisten en el imaginario colectivo y pueden dar de que hablar para generar aún más historias relacionadas que a su vez originan aún más opciones de teatro, cine y televisión. En el teatro varios seres humanos asisten a un lugar específico con varias sillas viendo en vivo a los actores representar las historias. En el cine y series de televisión se representan estas historias en lugares dedicados a ello para ser grabados en formatos que luego pueden ser compartidos en la red y pueden ser vistos en las pantallas de las palmas de mano a la hora que sea requerida por el portador.

Ahora mismo ocurre algo muy extraño con las personas que se encargan de darle seguimiento a la vida colectiva y política de la sociedad. Todo mundo está convencido de que quien sea que esté al mando es un inepto y no está a la altura de lo que esa sociedad necesita, pero de igual forma siguen al mando. Y cualquier intento de generar un cambio en estas personas al frente de la organización terminan siendo igual o peores de los que estaban anteriormente en el poder. Cada cierto número de años la sociedad se aglutina en una gran fiesta de la decisión del pueblo que le llaman “democracia” y se empiezan a ver opiniones en pro y en contra de todos y cada uno de los involucrados. Llega el día en que los nuevos cargos son elegidos y todo mundo regresa a la normalidad y sin mayor repercusión. Llega la hora al cabo de otro par de años y el ciclo se repite. Y esto sucede en todas partes del mundo, por cierto.

Pero de todos modos, siempre hay un común denominador. Aunque sí hay gente que no le importa ofender o dañar a otras personas alrededor, en la mayoría de los casos todos prefieren vivir en armonía. Todos son más dados a buscar la mejor de las condiciones primero para sí mismos y sus más allegados, pero también buscando el bien de su entorno en general. De repente a algunos se les olvida que vivimos en sociedad y que si algo malo le ocurre al de enfrente le terminará afectando a él también, pero no siempre es el caso. Todos preferimos el bien común.

Espero esto último no haya cambiado tanto en 500 años. Y los desarrollos tecnológicos estén sirviendo para sumar en lugar de restar.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 27

Día 27: salí a dar una vuelta por el barrio y hacé un mapa de sonidos y olores

La sombra del árbol enfrente de mi casa es muy buena, tan buena que a veces no me toca aprovecharla a la hora que llego en el carro. Pero bueno, ahora puedo descansar un momento sintiendo el viento leve que está recorriendo esta calle. Estos enormes perros de esta otra casa ya me han sacado más de un susto. Y no entiendo porque no va siendo hora que me reconozcan, vivo en esta calle desde mucho antes que ustedes, carajo. El gimnasio de esta esquina rompió la maldición del inmueble. Pasó de restaurant, frutería, abarrotes, café, frutería, otra vez abarrotes y nada. El gimnasio ya va para creo más de 5 años, quizás más. Y no veo que decaiga la asistencia.

Siempre prefiero cortar el camino por esta calle, aunque le quieran dar un aire más de privada. Lo que pasa es que termina la parte pavimentada y empieza una especie de sendero de terracería bordeando una colina. Lo interesante es que no hay más casas de este lado así que está tranquilo y no hay perros al acecho. Sí circula mucha gente por aquí y aunque sí cabe un carro, son comunes los baches que se hacen por las lluvias así que no es muy socorrido por vehículos. Ya bajando recuerdo cuando pasaba por estos árboles en la secundaria, aún cuando no había rastros de urbanización. Pero metieron calles pavimentadas y fueron varios árboles los que sufrieron su reacomodo y eventual muerte. Que tristeza.

Aquí siguen ladrando los perros, afortunadamente sí están dentro de las rejas pero de todos modos que ruido. Hmm de esta casa sale un olor a comida muy rica. Bah, tan bien que íbamos, acaba de pasar una dirt bike que no está para nada en el dirt. Yo no se nada de motos, pero ¿cómo funciona? ¿mientras más ruido hagan se considera mejor moto? ¿qué diablos están haciendo aquí en esta tarde apacible rompiendo la calma?

Hay una avenida que atravesar rumbo a un pequeño parque. Hay una familia descansando y tomando agua, los niños están jugando aventándose servilletas ante la mirada juzgadora del papá y los regaños de la mamá. Otro más se les escapó y está aventando agua y al parecer nadie se ha dado cuenta. Espero no se enferme el chamaco. Aquí siempre ha presumido el jardinero que se dan las mejores flores y de hecho por muchos años estuvo cerrado al público. Así se resguardaron varias flores pero sobre todo rosas que siempre algún enamorado se atrevía a brincarse la barda y arrancar alguna. Desde hace muchos años ya no está esa barda o reja y por lo mismo la calidad de las flores ha disminuido, pero siempre se ve al jardinero al pendiente desde muy temprano.

Ya es tiempo de regresar pero regresaré por las escaleras que me llevan a la otra avenida. Este sitio es además una parada de autobús urbano y hay un par de personas esperando. No se porque es de las pocas paradas que no tienen techo para guarecerse de los rayos del sol, y es que por la posición en la que estamos pegan directo prácticamente todo el año. Empiezo a subir las escaleras y vuelvo a recordar como las subía al regresar a casa después de la secundaria. Son pocos escalones pero un tanto empinados así que sí me fatigo un poco al llegar a la calle con la que conecta. Aquí enfrente está un señor tratando de arreglar su carro y le grita “a ver, préndelo” a quien supongo es su hijo que mira atento aunque con cara de enfado. Más adelante más perros ladrándome, uno de ellos una vez le dejaron la puerta de la reja abierta muy temprano cuando paso corriendo por aquí y casi me pegaba una mordida. Más adelante en la esquina está la familia de la casa en la venta de ropa y artículos de segunda, casi nunca encuentro algo que sea de mi gusto.

Bueno, aquí en la llantera el calor hizo de las suyas y ya están con los botes de cerveza, están tranquilos. Llego a la avenida que me conecta con mi destino y me reciben unos perritos que nomás se me quedan viendo. Pasó un carro con su auto-estéreo a todo volumen con algún narcocorrido. Atrás de él unas chicas en otro carro con algún éxito reggaetonero beben sus frappés. En esta casa desde que me acuerdo sus perros me ladran también, aunque no paso tan seguido por aquí me desespera que no hayan aprendido a reconocerme.

Ya llego a casa de nuevo, y como en casi todo el país, noto que en alguna casa a un par de cuadras piensan que nos pueden deleitar con sus canciones que retumban a todo volumen.

Yo ya tengo calor.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 26

Día 26: escribí acerca de la ropa que estás usando ahora mismo, cómo cada prenda llegó a tu vida

Los calcetines seguramente los conseguí en una barata en un sobrerruedas pues no los uso mucho. Tengo una situación con los calcetines negros (estilo tube socks), casi siempre solo encuentras en las tiendas en México en talla para niño y talla para adulto. Yo hace mucho que no veo unos en talla extra grande, hablo de medidas 14 o 16 para afro-americanos de 2 metros. Es que este tipo de calcetín enorme son los que me gustan para ponérmelos para dormir pues así no tengo descubiertos mis pies pero tampoco los siento con la compresión de unos calcetines comunes.

Los zapatos ya quiere mi chica que me deshaga de ellos pues ya tienen sus años. No quiero, todavía tienen la suela y costuras como si estuvieran nuevos y están amoldados a mi forma del pie y estilo al caminar. Son los pares más cómodos que tengo. Aunque claro, no los uso para el trabajo por ejemplo pues tienen suficiente desgaste como para no ser apropiado llevarlos.

La camiseta me la regaló en un cumpleaños una gran amiga. Me sorprendió porque no acostumbro recibir cosas festejando mi cumpleaños y el estilo de la camiseta me gustó mucho. Mis pantalones me los regaló mi chica en otro cumpleaños, después de quejarse de que los que tengo ya están viejos y no debería usarlos. Pero insisto mucho en que aunque se mire viejo algo si me siento cómodo en ello pues todo vale.

Y aún desgaste o decoloraciones me da cosa tirar ropa así nomás. Prefiero regalarlo a alguien que lo necesite o colocarlo fuera de los botes de basura, bien acomodado. Alguien siempre puede darle mejor uso.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 25

Día 25: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.

En la actualidad no podríamos pensar en como podríamos ser funcionales sin el uso de algo tan básico como la pantalla subcutánea. Ya en las primeras iteraciones de los prototipos se fueron notando y resolviendo algunas de los retos que presentaba. Era solo
posible mostrar datos en blanco y negro, provocaban irritación, y no servían más que para notificaciones rápidas y mostrar la hora. Poco a poco se fueron desarrollando nuevas aplicaciones tanto de la información a mostrar como de sensores que podrían
aprovecharse. Después de todo, ya está el aparato dentro de tu cuerpo.

Pero ¿cómo funciona? mediante literalmente inyectar cientos de celdas que se postran por debajo de la epidermis. Éstas son las receptoras de la estimulación microeléctrica con un patrón que están programados para detectar. Esto les dice cuando activar ciertas
secciones de su propia celda en coordinación perfecta con las celdas contiguas. Con el paso del tiempo se fueron perfeccionando las técnicas de implantación y ahora ya es posible tener en una sola aplicación la suficiente cantidad de celdas para asegurar una
cómoda lectura y visión de lo que se muestra, a diferencia de hace unos años que prácticamente eran injertadas una a una con una resolución raquítica.

Esta estimulación es la que las celdas requieren para mostrar o dejar de mostrar los puntos precisos para en conjunto mostrar una imagen o texto. Hoy en día ya están a color y en unos cuantos meses ya están por liberar la aplicación para mostrar video en vivo.
Más adelante podrían incluso desarrollar estas celdas de monitor subcutáneo para emitir otro tipo de señal y no solo fotones. No es muy fantasioso pensar en hologramas o incluso la posibilidad de usar esas celdas para grabar imágenes o video.

Pero hablemos de esas otras aplicaciones que actualmente sí existen y son aprovechadas. En lo estético ya es una realidad ver tatuajes animados (como aquella vieja película animada ‘Moana’, aunque no hemos llegado al punto de que el portador interactúe con él ¿o sí?) También la industria del cine se vió beneficiada ya que los efectos especiales para ciertas escenas terroríficas son ahora más reales gracias a estas celdas. Aunque es más caro que lo que se hacía hace décadas con animación por computadora sobrepuesta en la escena, esas imágenes realistas que claramente son visibles en la piel del personaje es muy beneficioso a la hora de contar una historia.

Las más importantes son las aplicaciones médicas. Gracias a otros elementos (o módulos) que pueden ser injertados junto con las celdas ya es cosa del pasado el pinchazo de sangre para detectar niveles de glucosa. Incluso mediante este método se pudo lograr el monitoreo constante de otros disparadores de emergencias que han salvado innumerables vidas. Gracias a esta tecnología que ya está muy estandarizada en el grueso de la población, con una sola indicación del personal médico que cuenta con las credenciales adecuadas, puede ver el tipo de sangre, alergias, enfermedades crónicas y otros indicadores personales a observar aún cuando el paciente no tenga posibilidad de habla.

Y pensar que este desarrollo tecnológico empezó cuando un especialista en radiología notó que el material de deshecho de su laboratorio se “encendía” con el leve estímulo eléctrico que le daba al estar cerca de un podómetro. Definitivamente el momento
“¡eureka!” de este siglo.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 24

Día 24: escribile a alguien que ya no está

Hola Betty,
No puedo negar que la última vez que nos vimos fingí no conocerte. Te ví contenta, feliz con tu nueva pareja y tus dos hijos. Decidí no acercarme siquiera a eso que lograste formar después de tantos años. Ya no recuerdo exactamente como fue que nos dejamos de ver, que dejamos de salir o de hablarnos por teléfono. Seguramente por alguna pareja de alguno de los dos pero no ví porque la amistad tuviera que acabar. Hasta que tu papá me dijo en una llamada que te hice “deja a Betty en el pasado, vive tu vida y déjala vivir la suya”. Quería gritarle, exigirle que me pasara contigo para que me explicaras porqué me había dicho esto tu padre. No tenía mucho que hacer, te dejé en paz y seguí mi vida.
Deja contarte, ya formé mi familia con la chica que te decía terminaría casándome y mira, lo logramos. Conseguí salir de la universidad con todo el trabajo que me costó ¿recuerdas que te contaba? También pude salir de ese trabajo que no me daba lo que me necesitaba y tú me insistías lo dejara porque no tendría el crecimiento que me merecía. Y no, los tres perros que me conociste ya pasaron a mejor vida. Tanto que te ladraban histéricamente cuando me visitabas…
Han pasado muchas y tantas cosas y eso está muy bien contarlas, pero no hay otra persona con quien platicar lo que platicaba contigo. La manera de ver la vida desde tu punto de vista tan particular no se encuentra en cualquiera. Entiendo que sería imposible regresar a ese nivel de confianza que nos tuvimos para contarnos las cosas que nos contábamos, han pasado muchos años, pero sí me hubiera gustado tener el valor de saludarte en esa última ocasión que te ví y hacerte saber que me puso contento verte así de feliz.

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 23

Día 23: cómo te parecés a tu papá

Si algo me causa un trauma es el parecido que mi hijo tiene con respecto a mí. Y es que en ciertos ticks nerviosos o ademanes se nota de donde vienen los genes, ni hablar que físicamente me dicen que es mi misma cara. No me imagino que esperar de él cuando desarrolle una personalidad propia y que características mías se verán reflejadas en él.

Abro con ese desconcierto porque fue muy paulatino como me dí cuenta de las cosas que están muy arraigadas en mí y que vienen de mi papá.

Como mi obsesión con la puntualidad. Desde que me acuerdo mi papá es el primero en llegar al trabajo, por ejemplo. Él y yo nos empezamos a angustiar cuando sabemos que no llegaremos a tiempo a algún compromiso por causas ajenas a nosotros. Pero desde que recae en mi la responsabilidad de llegar a tiempo no hago más que hacer lo que mi papá: puntual. Esto me ha dejado que quienes me rodean saben de esto, y por ello confían que cuando digo una hora, a esa hora estoy listo y disponible.

Desde que tengo 14 años estoy trabajando. No he llegado al punto como él de no tomar vacaciones siquiera, pero no me veo haciendo absolutamente nada. Claro que he tenido mi momento Corona tomando cerveza (obviamente no marca Corona) despreocupadamente, pero ha sido con mi chica y estamos conversando tratando de hallar el hilo existencial de nuestras vidas, no necesariamente no haciendo algo.

Somos muy corajudos. Es una característica que muy pocas veces puedo ocultar, pues a veces estoy tan desesperado que estoy a punto de estallar y no hay manera de guardar compostura. Así que pues no, no somos muy populares en las fiestas.

La lectura. Siempre había libros en casa, de variados temas y agarré el hábito de estar siempre leyendo algo por él. No hay campaña en pro de la lectura más efectiva que ver con naturalidad como un libro te abre la mente y te acerca más al mundo de manos de tus padres. Ahora, nunca fueron mis papás de leer cuentos o cosas así pero estar familiarizado con libros me hizo adentrarme a ellos.

Y bueno otra decena de cualidades y defectos que son mínimos pero que son claros. La sangre se lleva dentro.

 

#30díasdeescribirme

escribirme: Día 22

Día 22: escribí el monólogo interno que experimentás cada vez que te sentás a escribir

“Tengo ganas de escribir sobre esto”
“Es que me llamó la atención, tengo unas ganas imperiosas de dar a conocer mi opinión al respecto, aunque ya ni se acuerde nadie”
“A ver, si empiezo con esta idea, puedo desarrollarla y la hilo con esta otra”
“Pero para escribir sobre esto otro tengo que detallar esto de acá, debo revisar más sobre esto”
“Okey, ya entendí esta parte, pero no tiene nada que ver con lo que quería plasmar”
“Bueno, no puedo dejar de mencionarlo, pero no profundizaré tanto para no desviar el tema”
“Íjole, entonces si empiezo hablando de lo primero ya no se como hilarlo”
“A ver, esto de acá tiene que ver con esto de allá y a la vez con lo de acá ¿no quedará todo más confuso?”
“Tengo que plantearlo nomás, solito va a desengranarse todo”
“¡Maldita hoja en blanco!”

#30díasdeescribirme